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Ricardo Vega

Ricardo Vega / 09 enero 2026

⏰ 7 minutos


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Tres meses sin publicar nada por aquí, desde septiembre. No es que me haya olvidado del blog ni mucho menos, pero entre octubre y diciembre estuve bastante liado, tanto a nivel personal como profesional y al final llegas al 24 de diciembre y piensas “¿de verdad ya estamos acabando 2025?”

Pero este fin de año he podido juntar varios días de vacaciones donde poder “resetear”. y ponerme al día.

Me he dado cuenta de algo curioso mientras revisaba todos los enlaces que había ido guardando: en realidad sí que he estado leyendo, bastante incluso. Lo que pasa es que cuando no tienes la rutina de escribir regularmente, todo se queda ahí flotando en las pestañas del navegador. Marcadores acumulándose. Artículos abiertos esperando. Esa sensación de “ya lo escribiré” que luego nunca llega.

Así que esta “Recientemente” viene cargada. Más de lo habitual. Tres meses dan para mucho. Y curiosamente, hay un hilo conductor bastante claro en casi todo lo que he leído: la IA se ha metido en cada rincón de cómo trabajamos con código. Para bien y para mal, pero sobre todo de formas que hace un año ni nos imaginábamos.

Código asistido, agentes, y toda esa movida

Simon Willison publicó su repaso anual del mundo LLM y, como siempre, es larguísimo y está lleno de detalles que se te escapan si no has estado siguiendo todo de cerca. Lo que realmente le pasó a los LLMs en 2025 es básicamente una crónica de cómo pasamos de “los agentes no van a ocurrir” a tenerlos por todas partes, especialmente para código. Claude Code se llevó el premio gordo del año: una herramienta que salió casi de tapadillo pero que terminó moviendo millones tanto en billetes como en atención mediática.

Addy Osmani escribió sobre su workflow con LLMs y lo que me gustó es que no se va por las ramas con misticismos. Va al grano: primero haces un spec claro, luego vas paso a paso, pruebas todo, y nunca confías ciegamente en lo que escupe la máquina. Básicamente, ingeniería de toda la vida pero con un asistente que a veces dice tonterías muy convincentes.

Armin Ronacher escribió Skills vs MCP y estoy de acuerdo con él en algunas cosas: MCP suena genial en teoría, pero en la práctica es mucho follón para algo que puedes hacer más simple. Los Skills son archivos markdown con scripts. Ya está. Menos infraestructura, menos quebraderos de cabeza. A veces lo simple gana.

Y GitHub sacó una guía sobre cómo escribir un buen agents.md. Porque claro, ahora también hay que documentar para que las IAs entiendan tu proyecto. Instrucciones específicas, comandos exactos, límites claros. Todo muy meta: escribes markdown para que una IA genere código que luego lees en markdown.

Cuando la tech se complica más de lo debido

A John James se le acabó la luna de miel con GraphQL. Su artículo sobre por qué GraphQL ya no le convence en entornos enterprise tiene varios puntos que me resuenan. El overfetching ya está resuelto con BFFs, los errores son un lío (todo devuelve 200), el cacheo que prometía maravillas es frágil, y al final acabas con más complejidad de la que tenías. No es que GraphQL sea malo per se, pero igual no necesitas un martillo neumático para clavar un clavo.

Eduardo Ferro tiene cinco modelos mentales para escalar sistemas y equipos que van desde Amdahl’s Law hasta Little’s Law. Lo interesante es cómo conecta conceptos de ciencias de la computación con problemas reales de organización. Ese punto sobre teoría de colas y por qué no deberías estar al 80% de utilización es algo que debería estar pegado en la pared de todas las oficinas tech.

Restricciones, agencia, y otras formas de pensar mejor

James Stanier escribió sobre la belleza de las restricciones y básicamente viene a decir que cuando tienes menos recursos, menos tiempo o menos alcance, te obliga a ser más creativo. Las mejores soluciones suelen venir de tener que inventarte algo porque no puedes hacer lo obvio. El algoritmo de 5 pasos de Elon Musk que menciona (cuestionar, eliminar, optimizar, acelerar, automatizar) es de esas cosas que parecen de cajón pero que nadie hace.

Por otro lado, Milan Milanovic se puso filosófico con high agency. Esa capacidad de no aceptar un “no” como respuesta final, de buscar siempre la forma de hacer las cosas en lugar de enumerar por qué no se pueden hacer. Es curioso cómo divide a la gente en Game Changers, Frustrated Geniuses, Go-Getters y Cogs in the Wheel dependiendo de su talento y su nivel de ”agency”. Probablemente todos conocemos a alguien en cada cuadrante.

Jasmine Bina y JL Rawlence compilaron 15 modelos mentales para estrategia. Tight vs loose culture, la forma del mercado, inversión de problemas… Es de esos artículos densos que vas guardando mentalmente para cuando te toca pensar en algo complicado. Lo del pre-mortem (imaginar que tu proyecto ya ha fracasado y trabajar hacia atrás para ver qué salió mal) es brutal.

Pequeñas joyas dispersas

Robert Birming contó cómo usa IA para su blog de una forma que me parece muy sensata: corrección de gramática, descripciones de accesibilidad para imágenes, y poco más. Usa un prompt muy estricto y luego revisa todo. Es un uso pragmático que no intenta vender que la IA hace magia, simplemente es una herramienta más.

Dan Abramov escribió sobre Open Social y el protocolo AT. Es largo, visual, y ambicioso. La idea es que tus datos sociales sean tuyos de verdad, no filas en la base de datos de Facebook o Twitter. Bluesky está apostando por esto. No sé si funcionará, pero la visión es interesante: que puedas llevarte tu grafo social contigo, que las apps se construyan encima de tus datos en lugar de encerrarlos. Por cierto, puedes ver mi perfil y seguirme, aunque a día de hoy no tengo actividad en esta red social.

Thomas Steiner probó la Web Monetization API y lo documentó todo. Básicamente es un sistema para que los lectores paguen a los creadores de contenido directamente, en streaming, mientras navegan. Suena a ciencia ficción pero funciona. O al menos, funciona técnicamente. Que se adopte masivamente es otra historia.

Robert Wu reflexionó sobre cómo la tecnología está cambiando la confianza social en China. Usa una anécdota personal (un accidente de tráfico menor) para hablar de cómo las cámaras de vigilancia y las apps del gobierno han cambiado completamente la dinámica de cómo la gente resuelve conflictos. Antes era un festival de gritos, ahora hay evidencia irrefutable. Es un tema complicado con muchas aristas, especialmente en cuanto a privacidad, pero me pareció interesante la perspectiva desde dentro.

La crisis de identidad del programador

Y para cerrar, algo que me removió bastante: The Programmer Identity Crisis de Simon Højberg. Es un grito desde las tripas sobre lo que se pierde cuando programar se convierte en dirigir agentes en lugar de escribir código. Lo de “vibe coding” como identidad profesional le parece (y le parece a él, y a mí también) una degradación del oficio.

Hay algo visceral en cómo describe esa pérdida de conexión con el código cuando lo genera una IA: los ojos se te nublan, no lo lees igual, asumes que está bien si compila. Y luego resulta que no, que la IA se inventó una librería o los tests ni siquiera corren. Es un artículo escrito desde el amor al craft, a la artesanía de programar. Y hay que leerlo aunque no estés de acuerdo con todo.

Vale, esto ha quedado largo. Tres meses de enlaces condensados en un solo correo. Supongo que la próxima intentaré no dejar pasar tanto tiempo, pero ya sabéis cómo van estas cosas. Mientras tanto, espero que algo de esto os resulte interesante o al menos os haga pensar un rato.

Nos leemos.

Escrito mientras escucho el Remix que Fred Again… hace junto con Ezra Collective de Beto’s Horns.

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